Vivir sin malos humos

Vivir sin malos humos

Aunque ya se ha empezado a tomar medidas, los niveles de contaminación que se alcanzan en las principales ciudades de todo el mundo, sobre todo en momentos puntuales en que las condiciones atmosféricas empeoran la situación, están empezando a resultar difícilmente soportable.

El aire que compone la atmósfera, la capa que envuelve la Tierra, está formado por una veintena de gases en proporciones constantes. Cuando, debido fundamentalmente a la actividad del hombre, se alteran las proporciones naturales de esos gases o se detectan sustancias ajenas a las de la propia composición atmosférica, se contamina y degrada la calidad del aire, en ocasiones, en niveles superiores a lo tolerable.

La Ley de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera, en vigor desde el 16 de noviembre de 2007, define la contaminación del aire como «la presencia en la atmósfera de materias, sustancias o formas de energía que impliquen molestia grave, riesgo o daño para la seguridad o la salud de las personas, el medio ambiente y demás bienes de cualquier naturaleza”.

Los niños, que respiran proporcionalmente tres veces más rápido que los adultos, y el hecho de que están en fase de crecimiento, los convierte en población de riesgo en cuanto a este tipo de agresiones se refiere. La Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap) advierte del grave peligro que supone la contaminación del aire, que se agrava con la ausencia de lluvias, para el desarrollo de alergias respiratorias o asma en niños, así como su exacerbación.

Este crecimiento se está dando sobre todo en el mundo desarrollado, donde mueren por asma el triple de personas que hace 20 años. Y esto a pesar de los avances farmacológicos y de asistencia que se han producido en los últimos años.

El tráfico y los coches diésel aparecen como los principales causantes de esta situación, ya que son las partículas emitidas en su combustión las que se pegan, por ejemplo, al polen, aumentando las reacciones alérgicas. Por eso, mientras no se atajen políticamente las crecientes emisiones de dióxidos de nitrógeno el consejo que se nos da es alejarnos de las calles para respirar un aire más limpio.

Aire limpio, ¿solo para los ricos?

En muchas ciudades se suelen concentrar los niveles de rentas más bajo en barrios que, no necesariamente, están alejados del centro. Así, en Madrid, en la zona sur viven más familias de reducido nivel socioeconómico que en la zona norte. En París, la división no responde al eje norte-sur, sino este-oeste.

Hoy en día, el diseño de las ciudades tiene como razón de peso la calidad de aire. Las urbanizaciones y viviendas más caras se construyen determinadas, en muchas ocasiones por la dirección de los vientos dominantes. Siguiendo con el ejemplo de Madrid, al norte, hacia la sierra, se sitúan las grandes rentas, mientras que, en el sur, la industria, el tráfico y la gran densidad de población sumen a algunos barrios periféricos en una atmósfera irrespirable.

Por suerte, éste es un tema que ya se está teniendo en cuenta a nivel político y ya se han empezado a tomar medidas como con la implantación de Madrid Central. En otras ciudades europeas como Milán se han instalado peajes, que han reducido el tráfico en un 35%, lo que repercute en una mejora de la calidad del aire. Reacondicionar los coches con filtros para limitar sus emisiones, según algunos sectores, tiene varias ventajas, la que más notarían los consumidores de a pie es la de no tener que invertir dinero en un nuevo vehículo. Según los bancos de pruebas la instalación de estos filtros de partículas redujo las emisiones de los coches diésel en un 80%.

Alejarnos de la polución

Si tenemos en cuenta lo que implica a nivel económico ser los propietarios de una vivienda, es lógico que sopesemos todas nuestras opciones, ya que no es una decisión que se pueda deshacer con facilidad.

En este sentido, las nuevas familias que se embarcan en la compra de su casa, tienen muy en cuenta que nuestra salud no solo depende de la alimentación y de nuestro estilo de vida, sino que nuestro entorno, también es determinante. Hoy en día los lugares que destacan como sitios de interés para asentarse e invertir son lugares tranquilos, en los que la polución no es un problema.

Dependiendo el tipo de vivienda que adquiramos hemos de prever unos gastos u otros. En general, hemos de contar con los gastos fijos de hipoteca, IBI, tasas de basuras, seguro del hogar, servicios, gastos de comunidad y mantenimiento.

Los gastos que más pueden variar, dependiendo si vivimos en una finca o en una vivienda unifamiliar, son los gastos de mantenimiento. Si conseguimos hacernos con el sueño de una casa con nuestro propio terreno hemos de saber de antemano que los gastos se pueden disparar, sobre todo si tenemos piscina. Es cierto, como señalan los expertos de Cupoola, que hoy en día realizar la inversión de instalar una cubierta, aunque es un desembolso inicial, puede ahorrarnos gastos fijos que tendríamos que asumir año tras año, y que a la larga superan los de la instalación. Por lo tanto, también es un punto a considerar.

Las recomendaciones generales sobre gasto en vivienda estiman que destinar entre un 30% y un 35% del presupuesto familiar a una casa es la cantidad adecuada para tener un buen nivel de vida.